
los principales perjudicados son los estudiantes. Enfocado solo en la dirección burocrática, y
no tanto, por ejemplo, en incrementar sus conocimientos pedagógicos esenciales o adquirir un
tipo de liderazgo oportuno. Así mismo, todo hace indicar que de haberse dado iniciativas para
menguar estas brechas, no terminan de ser coherentes entre sí. Por lo que, la labor que realiza
un directivo de una IIE en América Latina, no está del todo profesionalizado en ciertos casos.
(Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y Cultura, Unesco, 2014).
En el Perú, esto guarda relación con las constantes problemáticas asociadas a los colegios
nacionales donde no solo han sido puestos bajo la lupa por los resultados mostrados en las
evaluaciones anuales sobre rendimiento académico, sino por casos de gestiones educativas
ejercidas de manera ineficiente, y con diversos problemas asociados a un mal manejo
administrativo y pedagógico. (MINEDU, 2019; Murillo & Carillo, 2020; Rodríguez &
Saavedra, 2020), sin embargo, desde el 2012 se ha generado un marco de actuación desde el
Ministerio de Educación (Marco del buen desempeño docente), que es una guía imprescindible
para el diseño e implementación de las políticas y acciones de formación, evaluación y
desarrollo docente a nivel nacional. Los cuales se centran en los 3 ejes principales en cuanto a
las políticas que prioriza el Ministerio, como es la calidad educativa y cierre de brechas,
desarrollo docente (centrados en buena docencia) y finalmente, en la modernización y
descentralización de la gestión educativa. (Marco de Buen Desempeño Docente, 2020).
Dentro de este marco, el liderazgo pedagógico es reconocido como un pilar fundamentar en la
mejora de los aprendizajes, los cuales se centran en los objetivos de las instituciones educativas,
por medio de los Planes Anuales de Trabajo (PAT), en lo que respecta a lo pedagógico. (Manual
del Líder Pedagógico, 2015).
En el caso de México, se enfrenta a nuevos retos y cambios nacidos de la necesidad de
actualizar su sistema educativo, debido a hechos recurrentes donde directivos escolares no
tienen claras sus funciones, o que siguen estatutos anticuados con muchos años de retraso. No
existían antecedentes claros sobre un perfil directivo oportuno, ni instrumentos que den validez
de su preparación para ocupar un puesto de directivo (Parés, 2016). Es decir, tampoco se
encontraba profesionalizado.
Sin embargo, Reformas Educativas, como las del año 2013, han derivado en avances concretos
en materia de mejores indicadores de logro respecto a otros años, aunque se haya visto, en su
proceso de implementación, diversas trabas y problemas burocráticos que no han hecho más
que ponerla en peligro de forma latente. A pesar de la importancia que justifica su puesta en
marcha. En conclusión, a pesar de ser un tema de alto impacto para grupos e intereses políticos,
así como el de las comunidades, el liderazgo pedagógico ha sido visto por muchos años solo
de reojo, con poco análisis y falta de interés verdadero. (Parés, 2016).
Chile, por su parte, también fundamenta sus principales hitos de cambio a partir del año 2015,
con la elaboración del Marco de Buena Dirección y Liderazgo Escolar, y el rol más protagónico
del liderazgo pedagógico dentro de las actividades de los directores de las instituciones
educativas de dicho país, así como el desarrollo de la profesionalización y el fortalecimiento
del rol directivo (Mellano, Chaucono & Villagra, 2017; Quiroga & Aravena, 2017).
Habiendo entendido la importancia del Liderazgo Pedagógico en la directiva educativa, el
alcance de la investigación al respecto es más que necesario. Recientes publicaciones que
corresponden a revisiones de literatura especializada (Aravena & Hallinger, 2018; Flessa,